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jueves, 10 de diciembre de 2015

ASESORAMIENTO A PAREJAS EN CRISIS


El psicoanálisis es un tratamiento muy eficaz para padecimientos como la depresión, la baja autoestima, la ansiedad, la angustia, las enfermedades psicosomáticas, los trastornos alimentarios, las obsesiones y las fobias, etc. Es además un instrumento muy útil para repensar las relaciones de pareja y la gestión de recursos humanos en las Empresas.
Usted elige la manera que le resulte más cómoda: Messenger, Skype, teléfono, mail…
En la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero, hace más de treinta años que se vienen realizando tratamientos a distancia, inicialmente por carta o teléfono, y desde hace más de cinco años a través de Internet, con la misma eficacia que un tratamiento presencial.
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lunes, 28 de junio de 2010

Parejas en crisis durante las vacaciones

Colaboración en el interesante artículo: 
PAREJAS EN CRISIS DURANTE LAS VACACIONES de Consumer Eroski realizado por José Andrés Rodríguez.


Parejas en crisis durante las vacaciones

Muchas parejas que no pasan por una buena época creen, de forma errónea, que las vacaciones serán la solución a sus problemas
Por JOSÉ ANDRÉS RODRÍGUEZ
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Por fin llegan las vacaciones de verano. Después de tantos meses en los que muchas parejas apenas se ven por culpa del trabajo y las obligaciones domésticas, tienen todo el tiempo del mundo para estar juntos. Además, quienes se lo pueden permitir, tienen el aliciente de realizar algún viaje. Este periodo debería ser una época para afianzar la relación. Sin embargo, según el Instituto de Política Familiar, un tercio de las rupturas se registra después del verano, en el mes de septiembre, si bien conviene tener en cuenta que en agosto los juzgados disponen de menos personal o están cerrados y muchos de los procesos judiciales se trasladan al mes siguiente. Antes de tomar cualquier decisión, los expertos recomiendan ser conscientes de la situación, actuar en consecuencia y no idealizar las vacaciones como única solución a la crisis.


Para muchas parejas, las vacaciones de verano pueden convertirse en el punto y final para su relación. Arantxa Coca, terapeuta de pareja, pone el acento en que "el verano no es el culpable". Ocurre que las parejas que estaban mal, aunque no fueran conscientes de ello, se resienten mucho por el hecho de compartir más tiempo juntos. Si una pareja está bien, no supondrá ningún problema. Pero si tiene una crisis latente, que durante el resto del año queda en segundo plano debido a la actividad diaria -trabajo y niño-, cuando llegan las vacaciones, no hay excusas para afrontarla. Deben estar juntos muchos días. "Y eso es una prueba de fuego", afirma Coca.
Idealizar las vacaciones
Pasar unos días en la playa, realizar una escapada a alguna ciudad europea o irse de safari son proyectos muy estimulantes. Muchas parejas que son conscientes de que no pasan por una buena época creen que las vacaciones serán la solución. Opinan que, por el hecho de poder divertirse o descansar, encontrarán el elemento que les falta en la relación. "Sin embargo, es un error porque, por muy fantásticas que parezcan, no salvan una relación", insiste Coca. Además, hay quienes tienen mayores e irreales expectativas en sus vacaciones y la frustración posterior es muy importante.
¿En qué se traducen esas expectativas?, ¿Qué buscan las parejas durante el verano? "Conectar. Sienten que hay una distancia entre ellos y que ya no comparten la intimidad que les mantenía unidos", explica la experta. Ante una crisis de pareja, las relaciones sexuales resultan a menudo muy afectadas, tanto en cantidad como en calidad. Muchas parejas se sienten obligadas a practicar más sexo durante el verano. Creen que deben tener relaciones desde la primera noche de vacaciones, aunque prefieran dormir porque están cansados del viaje o ver una película en la televisión.
De igual modo, cuanto más lejano, exótico y caro es el viaje, "mayores son las expectativas que tienen depositadas en él". Algunas parejas apenas viajan y, cuando pasan por un bache, deciden hacer una gran escapada. "Es un síntoma de que buscan, en algún país lejano, algo que no tienen en su vida cotidiana. Quieren una segunda luna de miel", explica Helena Trujillo, psicoanalista de la Escuela Grupo Cero y terapeuta de pareja. Muchas personas idealizan las vacaciones y el amor. Esta combinación es, a menudo, una auténtica bomba de relojería.
Uno de los principales problemas de las relaciones de pareja, si ambos trabajan y tienen hijos, es el poco tiempo para la intimidad
"Piensan que en verano deben estar todo el tiempo juntos, pasarlo bien siempre, practicar mucho y mejor sexo, sentirse enamorados cada minuto. Pero eso es imposible", considera Trujillo. Es fundamental relajarse y dejar espacio al otro, porque si no, será muy difícil que este periodo sea positivo. Hay personas que piensan que sólo determinadas acciones demuestran el amor de su pareja por ellas, como pasear por la playa. De lo contrario, creen que ésta no las quiere, pero esto no es cierto. Se deben dejar de lado las idealizaciones.
Consejos para superar el mes de agosto
Una vez asumido que unas vacaciones no van a arreglar una relación que no funciona, se pueden poner en práctica una serie de consejos para evitar, en la medida de lo posible, las frustraciones. Hay que empezar por el principio: el primer día de fiesta, tras varios meses de estrés laboral y familiar es imposible desconectar, hay que aceptar que se necesitan 4 ó 5 días de adaptación. No se puede pasar de jornadas maratonianas en el trabajo y en el ámbito doméstico, al relax total. "El cerebro necesita varios días para reducir la velocidad poco a poco, sobre todo, si se tiene una profesión muy estresante y con mucha vida social. Hay que adaptarse a otro ritmo", explica Trujillo.
Los expertos recomiendan siempre poner sobre la mesa los deseos de cada uno. Embarcarse en un largo viaje o quedarse en una casa rural con varias parejas puede ser una tortura si no apetece y la pareja está mal. Las vacaciones son para relajarse, divertirse y desconectar. Coca aconseja a quienes pasan por una mala época que "no se compliquen con un viaje lejano, lleno de incomodidades y muy largo". Anima a compartir cuatro o cinco días en un lugar tranquilo, cerca de casa.
Un aspecto que se debe tener en cuenta es el carácter de los miembros de la pareja. Ambos deben tomar conciencia de cómo funciona la relación. Si son tranquilos y poco amigos de complicaciones, es preferible la opción del hotel cercano. Si necesitan actividades para sentirse bien, hay que buscar una alternativa más activa. También hay que ser cuidadosos con lasdiscusiones. A pesar de que casi todas las parejas discuten, en el caso de una pareja en crisis se puede caer en reproches muy duros, que empeorarán la situación. Trujillo propone "hacer lo mismo que cuando discutimos con el jefe o un compañero de trabajo: tomar distancia, acotar las discusiones al tema en cuestión, no sacar viejos reproches y, si no se llega a un acuerdo, aparcar el tema de disputa".
Tú con tus amigos, yo con los míos
No parece una mala opción tomarse unos días de vacaciones por separado, aunque no es una costumbre muy extendida en España. No obstante, según los días que se prevea pasar juntos -en algunos casos hasta 30 días o un mes-, parece poco aconsejable compartirlos todos con la pareja si la relación está en horas bajas. "Es una buena opción, tanto para parejas en crisis como para otras que funcionan bien", opina Coca. "Una recomendación es que terminen el periodo vacacional juntos, para compartir experiencias y enfocar el regreso a la rutina". No hay que pasar siempre cada minuto juntos, durante todos los días. "Hay que dejar espacio al otro, pero esta generosidad debe ser recíproca", aclara.
Tratamiento
A pesar de que el mes de agosto es el mes de vacaciones por antonomasia, no parece que sea el más tranquilo para los terapeutas, como señala Trujillo: "Muchos acuden a la consulta porque no están bien con su pareja y temen estos días o porque no saben si irse juntos o no". ¿Qué deben hacer las parejas en crisis durante el verano con respecto a su tratamiento? "Yo siempre aconsejo que no lo interrumpan, igual que también aconsejo que hagan algunas sesiones más intensas antes y después de las vacaciones", añade.
El regreso a la rutina
A las parejas en crisis que pongan muchas expectativas en sus vacaciones de verano les costará encontrar el desenlace que esperan. Es entonces cuando llega el desencanto. Si este periodo no ha sido como se deseaba, las parejas, tanto en crisis como no, deben ser muy cuidadosas con la vuelta a la rutina. Éste es uno de los motivos por los que se recomienda regresar con un par de días de antelación a la vuelta a la vida laboral. Los expertos aconsejan no tomar decisiones drásticas tras unas malas vacaciones, ya que surgen demasiadas emociones como para elegir con claridad. "Es mejor entrar de nuevo en la rutina para ver las cosas con más perspectiva", afirma Trujillo.

DÍAS SIN HIJOS
Los hijos son una gran fuente de satisfacción para sus padres y, cuando llegan las vacaciones de verano, es normal que quieran dedicarles mucho tiempo. Por un lado, desean disfrutar de ellos, y, por otro, se sienten en deuda por el poco tiempo que les dedican el resto del año. Pero uno de los principales problemas de las relaciones de pareja en que ambos trabajan y tienen hijos es el poco tiempo del que disponen para la intimidad. La pareja necesita tiempo para sentir que son más que un padre o una madre. Helena Trujillo señala que "quizá el motivo primero de las parejas en crisis es la falta de comunicación e intimidad". Para evitarlo, propone que "las parejas que crean que necesitan estar solos, no se sientan culpables por dejar a los niños unos días con sus abuelos o en unas colonias".


miércoles, 4 de febrero de 2009

Testimonio. La terapia de pareja te puede cambiar la vida

Ramón y Paqui cuentan su testimonio para que otras parejas en su situación puedan poner soluciones a sus problemas de pareja.
Paqui yo acudimos a terapia porque nuestro hijo pequeño comenzó a tener problemas de abuso de sustancias. Cuando consultamos a la psicoanalista el caso y ante la negativa de nuestro hijo de ir a tratamiento, se nos indicó que tomáramos sesiones de pareja. Al principio nos costó aceptar la indicación, porque imagínese… Sin embargo estábamos muy preocupados con el hijo, desesperados y haríamos todo lo necesario por él. Empezamos de esa forma a hablar con la psicoanalista. Tras un par de semanas resultaba casi necesario ir a las sesiones, en ellas hablábamos de muchas cosas de las que nunca nos habíamos atrevido a hablar.

Ramón era reacio a comenzar ese tipo de tratamiento, pero al final nos pusimos de acuerdo. Él quería llevar al niño a un centro, pero yo me negaba. Con el tiempo nos alegramos muchísimo de la decisión que tomamos.
Al principio todo giraba en torno al hijo menor, el mayor está estudiando fuera y da pocos problemas, pero el pequeño siempre exigió mucha atención y fue más problemático. Mi marido y yo muchas veces discutíamos por él, cómo regañarle, castigarle o no, dejarle salir o no. Al final en lugar de educarle, el hijo se aprovechaba y nosotros nos peleábamos. Durante las primeras sesiones hablábamos mucho del hijo, pero luego empezamos a hablar de nosotros, de cómo había cambiado nuestra vida con los hijos, de que empezamos a distanciarnos, de que hacía mucho tiempo que no nos sentíamos bien juntos pero habíamos permanecido juntos por ellos.
Cada vez que lo pienso me emociono. Nuestra relación durante 15 años fue puro teatro, todo cara a la galería, pero por la noche, solos en la cama, nos dábamos la espalda. Ahora estaba aflorando todo. Lloramos mucho en esas sesiones, pero nos vino muy bien. Pudimos hablar de muchas cosas, de que tal vez hubiera sido mejor separarnos.
Solucionamos el problema, tras bastante tiempo empezamos a tener ganas de hacer más cosas juntos, nuestra actitud era diferente y también nos apoyamos mucho mutuamente para ayudar a nuestro hijo. Le hablábamos más, en lugar de reprocharle sus conductas empezamos a interesarnos por su vida, por sus gustos. El chico empezó a ser más receptivo. A pesar de sus 16 años estaba muy falto de cariño y, también, de autoridad paterna. Le hicimos ver que le íbamos a apoyar en sus decisiones, pero que no todas serían igual de satisfactorias. Empezó a hablarnos de su interés por dejar el instituto y su deseo de formarse como mecánico, antes nos negábamos a ese tipo de ideas, ahora entendimos que había que prestar más atención a sus intereses y apoyarle.
Con los meses nuestro hijo dio un gran vuelco, le iba muy bien en el nuevo módulo de mecánica, cambió de amistades, pasaba más tiempo en casa y ya no volvía a casa malhumorado. Nosotros pasábamos más tiempo juntos y se respiraba otro aire en casa.
Al año y medio de terapia mi marido quiso dejar el tratamiento. No tomamos la decisión como un abandono, si no como un paso. Yo decidí continuar. El psicoanálisis me daba muchas energías y me había ayudado a volver a trabajar. Cosa que también influyó en que me sintiera mejor conmigo misma. Ahora somos capaces de comunicarnos mejor y desde que me psicoanalizo entiendo mejor a mi marido, antes le reprochaba muchas cosas, ahora intentamos apoyarnos.
A nosotros nos ayudó mucho, aunque al principio nos costó asumir que teníamos parte de responsabilidad en los problemas de nuestro hijo. Hoy en día somos una familia mucho más feliz. Lo recomendamos a las parejas amigas, muchas de ellas también tienen problemas y aún cuesta dar el paso de pedir ayuda.
Si desea consultar con un profesional puede hacerlo en el Departamento de Clínica de la Escuela Grupo Cero
En Málaga: Teléfono 952 39 21 65
En Madrid 91 758 19 40

miércoles, 14 de enero de 2009

El psicoanális no es sinónimo de tratamiento psicológico

Psicoanálisis no es sinónimo de tratamiento psicológico

El Psicoanálisis no es sinónimo de tratamiento psicológico, es mucho más. Cuando desde ciertos estamentos de la Medicina, la Psicología y hasta el Periodismo se alude al Psicoanálisis como una modalidad de tratamiento psicológico, no tienen en consideración que esta disciplina nada tiene que ver ni con la Medicina ni con la Psicología, aunque médicos y psicólogos pueden recibir formación psicoanalítica.

Desde sus comienzos, a principios del siglo XX el Psicoanálisis nació como una Teoría muy diferente a las que hasta ese momento habían intentado explicar nuestro comportamiento. Una teoría que no puede reducirse a una localización orgánica de nuestro funcionamiento psíquico y que va más allá de ser una explicación etiológica de los padecimientos mentales. El Psicoanálisis estudia y define el funcionamiento de nuestra vida psíquica, los mecanismos tanto del hombre normal como del hombre enfermo, tanto en su vida individual como en las diversas modalidades de vida colectiva (pareja, familia, empresa, escuela…).

Ello supone que su aplicación práctica, el método psicoanalítico, permite transformar aquellos mecanismos psíquicos que llevaron a una persona a su situación actual (enfermedad, fracaso, insatisfacción, etc). Por este mismo motivo hay que decir que es necesario ampliar nuestra visión acerca de esta disciplina, que si bien es cierto que ayuda y trata a las personas enfermas, tiene un rango de acción mucho más amplio. Para psicoanalizarse es preciso alcanzar un grado de salud, porque hasta que una persona supere ciertas mezquindades, le será muy difícil permitirse la libertad para tumbarse en el diván y dejarse llevar por las palabras.

Para psicoanalizarse no es necesario estar enfermo, pero sí es necesaria la voluntad de querer trabajar para cambiar ciertos aspectos de la propia vida, algo que nadie puede hacer por uno.

Helena Trujillo Luque

Psicoanalista

Psicóloga Col Gr-3641