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jueves, 25 de abril de 2013

VIOLENCIA FAMILIAR Y OTRAS HISTORIAS


ALGUNOS APUNTES SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR

Estamos muy acostumbrados a oír hablar de violencia de género o violencia machista. Dicha acepción nos lleva a pensar que los hombres tienen una aversión hacia las mujeres y ello motiva la agresión. Vamos a utilizar el término violencia familiar porque señala la relación existente entre los implicados en la agresión. No es cualquier hombre el que ejerce el maltrato sobre cualquier mujer, sino que es el marido, novio, exmarido, exnovio, es decir, un hombre que ha mantenido (o mantiene) una relación amorosa con la víctima, una relación familiar, el implicado en el maltrato.  
Cuando hablamos de violencia, está claro que es mucho más que dar golpes, hay muchas formas de herir a otra persona. Por violencia familiar nos referimos a la ejercida sobre los mayores, cónyuges, hijos, mujeres, hombres, discapacitados, etc. Aunque quisiéramos, es difícil precisar un esquema típico familiar, porque ocurre en todas las clases sociales, culturas y edades.
La idea común es que la familia o la pareja son los lugares en los cuales más seguros nos encontramos, sin embargo en ellos es donde se producen más abusos a la integridad física y psíquica de las personas. Está claro que tenemos que empezar a cuidarnos de las relaciones más próximas. Ciertos comportamientos que pasan inadvertidos, pueden ser considerados una conducta abusiva o violenta. Cuántos utilizan la excusa de “la educación”, “el carácter”, “la impaciencia”, “no es malo”, “está cansado” para ejercer la fuerza sobre otros más débiles.
Son varios los factores que intervienen en una situación de maltrato, entre ellos encontramos los celos,  muchas agresiones se desencadenan por el sentimiento de propiedad que muchos hombres tienen hacia sus parejas. Muchos hombres que piensan que la mujer con la que están casados, o con la que conviven, es suya, les pertenece, igual que si fuera un objeto. Y la situación es aún más grave, ya que también hay muchas mujeres hoy día que siguen pensando que pertenecen a sus maridos.
Estos celos tienen mucho que ver con una concepción del amor que sigue imperando. El amor de la media naranja, el amor de para toda la vida, el amor posesivo. Esa concepción que nada tiene que ver con la libertad y la tolerancia, un amor que vemos reflejado en las películas, genera situaciones donde las personas no toleran separarse de la otra persona y son capaces, en su desesperación, de aniquilar al otro con tal de no perderlo.
Mucho tiene que ver, también, la posición que adopte la mujer en el amor, históricamente la mujer ha sido un objeto de intercambio, no elegía a su pareja, no era el amor el que comandaba, si no que eran matrimonios de conveniencia. Luego vendría el amor cortés, donde el varón cortejaba y elegía a la dama, adoptando esta una actitud totalmente pasiva. Esta pasividad de la mujer favorece actitudes abusivas por partes del hombre, ya que se da primacía al deseo de éste por el encima del deseo de su partenaire.
El machismo también tiene su implicación en todo esto, pero no es el responsable. Una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia, o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo. El horror a lo femenino, el desprecio a la mujer, tanto para el hombre como para la mujer, estaría en relación con la falta de “pene”, en tanto esto le recuerda al sujeto su propia castración, su mortalidad. El machismo es la vigencia de la sexualidad infantil en el adulto, se trate de un hombre machista o de una mujer machista. Todos padecemos en cierta medida de machismo inconsciente, hombres y mujeres, por lo que no es por machismo que se produce el maltrato. No es que el hombre maltrate a su pareja por ser una mujer, es que la maltrata porque es su mujer, su propiedad, y no acepta el abandono o el desamor.
Es relativamente fácil abusar de los débiles, renunciar a ello supone un paso en la civilización que no todos somos capaces de dar. Ser tolerantes, permitir la libertad, respetar, aprender a separarse son elementos necesarios para alejarnos del maltrato y el abuso. La violencia parece ser un camino para conseguir poder, pero un camino infructuoso para la convivencia, el amor, la educación y el respeto. El que agrede, no sólo agrede a otra persona, se lesiona a sí mismo.

martes, 30 de agosto de 2011

ESTÁ TODO PERDIDO


ESTÁ TODO PERDIDO
Su cabeza gacha no anuncia nada bueno, tiene los ánimos por los suelos. Comenzamos a conversar, evita por todos los medios que las lágrimas acudan a sus ojos, pero no es fácil. Siente que su vida, tal y como la había planteado, se ha venido abajo. La única salida que ve posible es la separación, pero no es ningún alivio para su mal. La familia que ha construido en los últimos 9 años se esfuma. Ella se queda con los hijos, la casa y el dinero. Él, según sus palabras, se queda con una mano delante y otra detrás. Cierra las puertas a todo futuro esperanzador, con esa perspectiva, ni ganas le quedan de volver a emprender nuevos proyectos.
Su impotencia es mayúscula, hablar con ella es imposible, siempre acababan en discusión. El paso de los años les ha alejado de manera tal, que hoy son como dos desconocidos que comparten un mismo domicilio y el apellido de sus hijos. Ella le niega su papel frente a los hijos, se ocupa de todas las tareas, de las reglas y no cuenta con él. Ha intentado mil veces cambiar esta situación, sin embargo nada puede hacer frente a su hermetismo. O conmigo o contra mí, parece que reza el lema que dirige la vida de su esposa. Convivir se ha hecho insostenible. Se siente un pelele y ya no puede soportar más el silencio. Un grito sordo se dibuja en su rostro mientras conversamos. ¿Qué hago? Parece decirme con sus ojos.
Ya  intentaron la terapia de pareja, que ambos se implicaran en un cambio de rumbo y su vida de pareja fuera diferente, pero dos no son felices si uno no quiere. Ella no quiso, ha centrado su deseo en sus hijos y se ha olvidado del hombre con el que había decidido compartir su vida. Su suficiencia es tal que ni en la cama muestra deseos hacia ese hombre que lo ha dado todo por esa relación.  ¿Cómo se ha llegado a esto?
Las relaciones de pareja no traen un libro de instrucciones. Nadie sabe cómo van a ir las cosas, qué pasará cuando se inicie la convivencia, cuando nazcan los hijos, nos seguiremos deseando en el transcurso del tiempo… A todos nos gustaría tener respuestas para estos interrogantes. Pagaríamos lo que hiciera falta si alguien nos diese las claves de la felicidad. Qué no daría él para acceder al corazón de su mujer y volver a ilusionarla como antes.
Ahora lo da todo por perdido y se entrega, sin más, a la marea negra de su tristeza. Renuncia a vivir. En su melancolía, no es capaz de defender sus propios derechos como padre, como hombre que tiene que rehacer su vida y optar de nuevo al amor. En nuestra conversación está la posibilidad de agarrarse a una esperanza o dejarse caer definitivamente. Nadie llega gustoso a una separación, es duro, algo se pierde siempre, pero la vida sigue adelante y se puede afrontar de modo que se nos abran las puertas de una nueva vida. En este momento, soy la mano que puede darle las fuerzas que ahora no tiene, las palabras que no sabe pronunciar, la luz en medio del túnel de los sentimientos. Ahora le toca decidir entre su soledad o el mundo. Aquí le espero.

Helena Trujillo
Psicoanalista – Asesora de Parejas

lunes, 20 de diciembre de 2010

Sobre parejas (1)

Rafa, Rafita, como lo llamaba su madre, estaba desolado y, hoy, para hablarme se había tumbado en el diván.

-Estoy preocupado, balbuceó, hoy me la hice chupar más de media hora por Jacinta Unzué y, mientras ella se corrió seis veces con sólo chuparme, yo nada. Bueno, nada no, pero no pude eyacular. En dos o tres oportunidades, mientras me chupaba, sentía algo parecido a un orgasmo pero, como no eyaculé, quedé como triste, abandonado. Ella, cuando se fue, sonreía feliz y me dijo que se iba contenta porque se había sentido amada por mí. Rafa se quedó en silencio un largo rato y luego comentó con algo de ironía: cada vez estoy más tiempo con las mujeres y estoy consiguiendo desconocerlas por completo... como ejemplo, le puedo contar lo que me pasó la semana pasada... Le interrumpí para decirle que por hoy era suficiente y nos despedimos hasta la próxima. Cuando se fue Rafa yo me quedé pensando en mi propia sexualidad que casi no tenía o, por lo menos, no me podía dar exactamente, cuenta de cuál era mi sexualidad. Me la pasaba todo el día trabajando y, cuando no trabajaba, escribía y cuando no trabajaba ni escribía, pintaba. Me sentía amado por muchas personas, mujeres, hombres y niños. A veces llegaba a pensar que eran demasiadas las personas que me amaban. Poco a poco me iría entonteciendo. Ya le había pasado a Federico, muriéndose y no se había dado cuenta de nada, de casi nada.
          Hoy le envié unas flores a Gloria Fuertes. Me sentí bien al hacerlo, aunque nunca terminaba de entender porqué hacía esos actos: Enviarle telegramas al Rey, flores a los Poetas, libros a gente que no leía.
          Cuando sonó el teléfono me sobresalté y tardé en cogerlo. A llevantarme ya habían cortado. Abandoné la consulta y salí caminando sobre mis propias piernas a dar un paseo. Mientras paseaba, me pidieron limosna y yo, como cuando era joven, le dije al pordiosero:
          -Yo no doy limosnas, soy marxista.
          Después me fui riendo de mí mismo hasta llegar al bar.





Helena Trujillo
Terapeuta de Parejas-Asesora Matrimonial
Tratamientos efectivos a partir de la 1ª entrevista