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martes, 30 de agosto de 2011

ESTÁ TODO PERDIDO


ESTÁ TODO PERDIDO
Su cabeza gacha no anuncia nada bueno, tiene los ánimos por los suelos. Comenzamos a conversar, evita por todos los medios que las lágrimas acudan a sus ojos, pero no es fácil. Siente que su vida, tal y como la había planteado, se ha venido abajo. La única salida que ve posible es la separación, pero no es ningún alivio para su mal. La familia que ha construido en los últimos 9 años se esfuma. Ella se queda con los hijos, la casa y el dinero. Él, según sus palabras, se queda con una mano delante y otra detrás. Cierra las puertas a todo futuro esperanzador, con esa perspectiva, ni ganas le quedan de volver a emprender nuevos proyectos.
Su impotencia es mayúscula, hablar con ella es imposible, siempre acababan en discusión. El paso de los años les ha alejado de manera tal, que hoy son como dos desconocidos que comparten un mismo domicilio y el apellido de sus hijos. Ella le niega su papel frente a los hijos, se ocupa de todas las tareas, de las reglas y no cuenta con él. Ha intentado mil veces cambiar esta situación, sin embargo nada puede hacer frente a su hermetismo. O conmigo o contra mí, parece que reza el lema que dirige la vida de su esposa. Convivir se ha hecho insostenible. Se siente un pelele y ya no puede soportar más el silencio. Un grito sordo se dibuja en su rostro mientras conversamos. ¿Qué hago? Parece decirme con sus ojos.
Ya  intentaron la terapia de pareja, que ambos se implicaran en un cambio de rumbo y su vida de pareja fuera diferente, pero dos no son felices si uno no quiere. Ella no quiso, ha centrado su deseo en sus hijos y se ha olvidado del hombre con el que había decidido compartir su vida. Su suficiencia es tal que ni en la cama muestra deseos hacia ese hombre que lo ha dado todo por esa relación.  ¿Cómo se ha llegado a esto?
Las relaciones de pareja no traen un libro de instrucciones. Nadie sabe cómo van a ir las cosas, qué pasará cuando se inicie la convivencia, cuando nazcan los hijos, nos seguiremos deseando en el transcurso del tiempo… A todos nos gustaría tener respuestas para estos interrogantes. Pagaríamos lo que hiciera falta si alguien nos diese las claves de la felicidad. Qué no daría él para acceder al corazón de su mujer y volver a ilusionarla como antes.
Ahora lo da todo por perdido y se entrega, sin más, a la marea negra de su tristeza. Renuncia a vivir. En su melancolía, no es capaz de defender sus propios derechos como padre, como hombre que tiene que rehacer su vida y optar de nuevo al amor. En nuestra conversación está la posibilidad de agarrarse a una esperanza o dejarse caer definitivamente. Nadie llega gustoso a una separación, es duro, algo se pierde siempre, pero la vida sigue adelante y se puede afrontar de modo que se nos abran las puertas de una nueva vida. En este momento, soy la mano que puede darle las fuerzas que ahora no tiene, las palabras que no sabe pronunciar, la luz en medio del túnel de los sentimientos. Ahora le toca decidir entre su soledad o el mundo. Aquí le espero.

Helena Trujillo
Psicoanalista – Asesora de Parejas

domingo, 28 de agosto de 2011

Tú en tu casa, yo en la mía. Entrevista en La Opinión de Málaga a Helena Trujillo


´Ya no se aguanta a la pareja como antes´

La doctora Helena Trujillo, especialista en relaciones sentimentales, desgrana el mundo 'Stay Over'

ADELA MÁRQUEZ ¿Cómo ve a estas nuevas parejas Stay Over en España?
En diversos lugares y desde hace bastante tiempo, han surgido parejas, en muchas ocasiones segundas y terceras relaciones, que optan por esta forma de convivencia, tú en tu casa y yo en la mía. En ocasiones las malas experiencias anteriores y en otros casos el propio anhelo de independencia, llevan a que se opte por esta forma de relacionarse. A pesar de que haya existido y exista, no siempre se le da la publicidad que se debiera a esta otra opción de vivir en pareja, en ocasiones llega a estar mal visto por la moral tradicional, como si fuera una muestra del egoísmo de las personas, como si quererse llevara implícita la necesidad de compartir las mismas cuatro paredes. Estoy convencida de que va a ser una opción cada vez más frecuente y muy saludable, porque las nuevas parejas no siempre optan por la vida familiar, muchos eligen invertir en sus vidas profesionales.

¿Cuál es el perfil de esta pareja?
Según estamos viendo, parece que este estilo de cada uno en su casa suele ser más frecuente en parejas jóvenes, independientes, con poder adquisitivo, mujeres que no están dispuestas a perder su individualidad... A veces no es una elección, sino una circunstancia, como la de trabajar en ciudades diferentes; la realidad elige por uno. Pero hay otros que consideran que ésa es su forma de vivir en pareja, que cada uno mantenga su hogar y poder estar en uno u otro sitio sin perder su independencia.

¿Por qué  cree usted que está proliferando esta nueva forma de pareja?

Porque están cambiando los convencionalismos, ya no se «aguanta» a la pareja como antes, ahora cuando las cosas no funcionan las personas deciden poner punto y final y seguir su camino. El hecho de que la mujer trabaje le ha dado más independencia y capacidad de decisión. Existen ambiciones que antes no eran frecuentes en las mujeres, quedarse en casa ya no es una opción válida para la mayoría. Muchas parejas se establecen a una edad más avanzada, muchos ya tienen vivienda propia, se busca la realización en el amor como un acompañamiento a la vida, no como el objetivo de la vida.  Creo que en el futuro será una opción muy válida para las parejas.

¿Qué ventajas hay? 

Que cada uno de los miembros de la pareja mantiene su individualidad e independencia; la idea de estar 24 horas juntos como una señal del amor hace que muchos se olviden de que lo importante es el respeto, que hay que mantener las relaciones con los amigos y los gustos propios. El comienzo del fin es cuando abandonamos la vida que teníamos y que nos gustaba porque nos hemos enamorado. En el sacrificio comienza la venganza. Con el tiempo le reprochamos al otro haber hecho de nuestra vida una vida triste, en lugar de hacernos nosotros mismos responsables.

¿E inconvenientes?
El inconveniente puede tener que ver con la vida familiar, es más difícil si hay hijos de por medio, el tema de la organización doméstica, las pautas educativas, el reparto de tareas... También en el aspecto económico hay que mantener dos domicilios y hay más gastos. Por otro lado, los celos pueden intervenir en personas con predisposición a ellos. A veces la única forma de confiar en nuestra pareja es saber lo que hace en todo momento y cuando no lo sabemos comenzamos a fabular y malpensar. Sólo personas sanas y civilizadas pueden optar por esta forma de vivir.

Juntos pero no revueltos

La doctora Trujillo lleva muchos años atendiendo a parejas con graves problemas y crisis sentimentales y matrimoniales. Asegura que estas parejas que acuden a terapia suelen vivir en el mismo domicilio, porque es justamente la convivencia la que más quema la relación, baste decir que compatibilizar las costumbres, respetar los gustos, tolerar la individualidad no es nada fácil para las personas cuando están en pareja. La doctora intenta ayudarles a entender que hay otras formas de amar, que las personas necesitamos un tiempo para nosotros mismos y que estar en el mismo lugar no siempre es estar juntos, a veces cuando se está en diferentes lugares se ama mejor, porque se goza y se respeta más. Los Stay Over no tienen esos problemas. Tendrán otros, por supuesto, pero los provocados por el roce de la convivencia, jamás. Es una gran ventaja que tienen que saber aprovechar. Precisamente muchos de ellos eligen esta forma de vida por ese motivo. Es mucho más fácil cómodo llevar bien una relación cuando no te levantas y te acuestas cada día de tu vida con esa persona. Trujillo asegura que lo que hacen básicamente estas parejas es prevenir antes de curar: en vez de arriesgarse a que la relación se rompa y no haya vuelta atrás, viven en casas separadas para huir de la monotonía, de la cotidianidad y de la falta de intimidad. Es una elección libre, tan respetable como cualquier otra. La vida nos pone muchas pruebas, ¿por qué ponernos nosotros una más?

jueves, 23 de junio de 2011

Taller de convivencias para parejas. Aprende a llevarte bien con tu pareja.

Este verano, aprovecha el tiempo para llevarte mejor con tu pareja.

Los miércoles a las 20:30 horas nos encontraremos para abordar en grupo modos de comunicarse y relacionarse de una forma más saludable.

EN MÁLAGA.

Sólo 150 euros por pareja.
Plazas limitadas.
Coordina la actividad la psicoanalista y terapeuta de parejas Helena Trujillo.
Más de 10 años de experiencia.
Inscripciones teléfono 952 39 21 65.


miércoles, 15 de junio de 2011

Quiero el divorcio

QUIERO EL DIVORCIO
Su pareja le ha dicho que ya no aguanta más, quiere la separación. Tal vez no es la primera vez que lo escucha, fruto de una discusión, pero ¿y si esta vez es la definitiva? Muchas veces hacemos caso omiso a estas “advertencias” y dejamos que el tiempo pase o que unas palabras cariñosas vengan a poner paz y después gloria. Pero, todos sabemos que las cosas se dicen por algo, si su pareja le pone de manifiesto que no está a gusto, que no quiere seguir en esas condiciones, tenemos que poner manos a la obra si no queremos que la relación se vaya al traste.
Tras más de diez años de experiencia en terapia de pareja he podido ver casos muy diferentes y no siempre la separación es la peor solución. Falta de comunicación, incomprensión, falta de libertad, disminución del deseo sexual, problemas psicológicos en algún miembro de la pareja, infidelidad… son algunos de los problemas más frecuentes. Si hacemos un examen superficial de lo que puede ser una vida de un ciudadano medio vemos que la felicidad individual es un estado que choca, en muchas ocasiones, con los intereses de las personas allegadas. Tomando las palabras de un gran poeta: La libertad individual no es un bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura. Es cierto que el desarrollo individual y social ha deparado, cada vez, nuevos y mayores compromisos, restricciones de la libertad personal y una limitación de los placeres inmediatos, muchas personas son incapaces de soportar tales límites y caen presa de la insatisfacción y/o neurosis. Otros muchos, aceptan la relación coste-beneficio y entienden que todo progreso conlleva la asunción de nuevos pactos, la transformación de ciertos valores y tendencias personales, lo que podemos entender como progreso.
En este sentido, para muchos vivir en pareja o tener hijos se ha convertido en un peso que se arrastra día a día y se vive con cierta insatisfacción. Muchos siguen anhelando una libertad que sólo pueden otorgarse ellos mismos, un ideal de satisfacción que no siempre es el más adecuado. Esta tendencia al individualismo que anida en todos nosotros nos impide, en muchas ocasiones, pactar y compartir con otros. No se trata de encontrar la media naranja que piense como tú, porque no la hay. Se trata de encontrar a personas compatibles, aprender a amar esas diferencias y desarrollar la tolerancia y la capacidad de respetar la vida del otro. Sí, claro, por encima de todo está uno mismo, eso no se puede olvidar, pero una vez que formamos una pareja, tenemos que sumarle a nuestra vida esa nueva complejidad, no estamos solos. Si alguna vez había pensado que su vida sólo es de usted, se equivoca, su vida influye en muchas personas y eso debe ayudarnos a tomar decisiones más sociales.
No existe la clave del éxito en la vida y en la pareja, pero sí existe, y es fundamental, la posibilidad de ponernos a trabajar en la persona que somos, desarrollar las potencialidades que anidan en nosotros. Nadie nos enseña a vivir, cuándo hablar, cuándo callar, cómo amar de forma saludable… El ser humano no viene hecho, es una construcción que nos va a llevar toda la vida, por tanto, si tiene problemas con su pareja, no espere a que el vaso rebose, es tiempo de una reflexión, de un cambio, de un uso diferente de los recursos. La vida, en realidad, es una conversación.

Helena Trujillo Luque
Psicoanalista

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Sabías esto de las relaciones de pareja?




Existe el contrato de trabajo, y no sólo en el derecho, sino más bien, primero, en el lugar de trabajo. No existe por ahora un contrato de amor, ya que el contrato matrimonial no se puede considerar un contrato de amor, ya que en él tiene que ver más el dinero que el amor o, sencillamente, el deseo.

No existe ningún contrato universal que regule la cantidad de horas que necesita un amor para sobrevivir. Sin embargo, hay leyes internacionales del trabajo que aquellos países que no las cumplen son subdesarrollados o peor aún. Todo trabajador tiene una idea más o menos clara de cuántas horas tendrá que trabajar este mes y también cuántas horas tendrá que trabajar el mes que viene.

Ningún amante sabe exactamente las horas que tendrá que dedicarle a su amante durante este mes y el próximo para poder lograr su goce, su felicidad, su permanencia a su lado.
Separar apropiadamente el sexo del dinero debe ser tarea tan fuerte como separar el número dos de la palabra amor, que no sé si algo he conseguido en ese sentido, a pesar de haber puesto toda mi energía en el tema durante los últimos cuarenta años de mi vida. ¡Qué horror!

(Fragmento del libro: NO VE LA ROSA, de Miguel Oscar Menassa)

martes, 15 de febrero de 2011

DECÁLOGO DEL BUEN DIVORCIO

“DECÁLOGO DEL BUEN DIVORCIO”

Cada vez se hace más difícil afrontar la convivencia y más fácil acabar con ella. Convivir es la verdadera prueba de fuego, donde se demuestra si verdaderamente nos amamos y nos respetamos. Hemos pasado de relaciones casi eternas en las que la separación iba en contra de la moral imperante, a otras en las que se toma el camino fácil de terminar la relación y emprender un nuevo camino por separado. Nadie aguanta a nadie.
No hay una situación ideal generalizable. Cada uno de nosotros debe trazar su propia andadura, no hay dos personas iguales, pero lo que sí es cierto es que si nos educáramos mejor, nuestras relaciones humanas podrían ser diferentes.
Recuerdo que en uno de los congresos de Psicoanálisis a los que he asistido se hablaba de que la patología de fin de siglo es la intolerancia hacia las personas. El Psicoanálisis ha develado el narcisismo de las relaciones, nos buscamos en el otro, es decir, nos gusta de los demás aquello que nos recuerda a nosotros mismos. Parece que resulta complejo amar del otro lo que es diferente a nosotros mismos. El verdadero amor se define justo por eso, tolerar lo que en el otro es diferente. El amor es “amor a las diferencias”.
El amor romántico al que aún hoy muchas personas aspiran, ofrece una utopía y condena irremediablemente al fracaso a quien lo persigue. Es un tipo de amor que se corresponde al período de enamoramiento, de idealización, donde todo parece perfecto y donde se tiene la sensación de que el mundo gira en torno a la pareja. Sabemos que este periodo es efímero, debe serlo, pues aleja al enamorado de la realidad.
Muchas veces, amar al otro implica, justamente, romper la relación de pareja. Esto previene muchas situaciones graves que pueden desembocar en maltrato. Terminar las cosas a tiempo es un criterio de salud. No debemos entender entonces, que toda ruptura amorosa es un fracaso, nada es eterno. Todo fin supone un nuevo comienzo. Si aprendemos de la experiencia y miramos el futuro con optimismo estaremos aprendiendo algo del amor, porque amar no es a una sola persona, sino amar la vida, amar crecer, aprender, trabajar.
Juntos o separados, no hay que olvidar que una pareja son dos personas, con psiquismos diferentes. Este es el primer paso para una convivencia o una separación más civilizada. Nadie nos pertenece, ni siquiera los hijos.


Helena Trujillo Luque
Asesora matrimonial - Psicoanalista

Conversación muy interesante sobre el matrimonio


-¿Y vos por qué no te casaste todavía?
Y Emilse preguntó a su vez:
-¿tú nunca lees los diarios?
-Sí, ¿qué parte? dijo el Master riéndose y después como cayéndose de ánimo: Es que no sé si me quedaré a vivir en Madrid, pero de quedarme a vivir, cambiaría mi vida actual por completo.
Y como el Master se quedó en silencio, Emilse le recordó:
-Me hiciste una pregunta.
-¿Qué pregunta? dijo el Master.
Y Emilse, que tenía muchas ganas de contestar la pregunta, volvió a formularla:
-Me preguntaste por qué no me casé todavía.
-Sí, sí, afirmó el Master, ¿por qué no te casaste todavía?
-Porque generalmente en España los matrimonios resultan, querido Master, dijo Emilse casi con selemnidad, relaciones dodne el hombre es un hijo de puta y la mujer una loca.
-Bueno no es para tanto, dijo el Master.
-¿Me dejas desarrollar?, le pidió Emilse.
-Sí, sí, concedió el Master.
Ella dice:
-Esto es como un nido de víboras.
Él dice:
-Ella es como una víbora en el nido.
Ambos se ríen como tontos, mientras piensan maldades, locuras, ella dice:
-No quiero vivir como una puta.
Son dos idiotas, pero él la domina siempre. Le muestra un poco de dinero y ella se rinde.
-Amor mío, amor mío, le dice ella, te comprendo mi amor, chúpame las tetas, amado. Entierra en mí, la agonía de todos tus amores, vengo a liberarte de tu maldad.
Él se pone furioso y como no entiende nada, le pega. Le da una paliza que la deja bizca de un ojo.
La policía maltrata aún un poco más a la mujer maltratada, haciéndole preguntas indecentes y le regala al hombre 250.000 pesetas.
Él se arrepiente y le quiere chupar el coño, como si eso fuera un regalo.
Ella lo escupe, francamente en la cara y, ahora, él le pega con un látigo mientras le grita: Loca, loca de mierda.
Ella, agonizando en la cama de un hospital cualquiera, llega a murmurar:
-Hijo de puta, hijo de puta.
La asistente social de la policía persigue a la pobre mujer hasta el hospital, y siguen torturando a la pobre mujer moribunda con preguntas indecentes. 
Ella recuerda una frase, de hace unos días, en las fiestas de boca de un hombre mayor, alguien como vos, recalcó Emilse, y decide seguir viviendo.
Recomenzar todo de nuevo. Vivir una nueva vida.
Él la persigue, se entera por la policía dónde vive, e incendia su pequeña casa que ella pudo construir con sus propias manos, su dinero, su trabajo.
El fuego le quema toda la casa y un poco la cara. Él, al verla desfigurada se arrepiente y dona las 250.000 pesetas de la policía a la Iglesia del pueblo.
El cura insulta en el confesionario a la mujer, porque ésta cuando habla de su marido dice: "Ese hijo de puta".
El cura le prohíbe rezar Ave Marías, sólo le permite rezar los Padre Nuestros.
Ella en ese momento se excita pensando en la libertad.
El hombre recibe una paliza de parte de la policía, por haber regalado las 250.000 pesetas al cura de la Iglesia, y le pegan porque ahora el cura se gastará ese dinero con las mujeres, sus monjas.
Ella le cura las heridas y sufre un poco con su dolor...
Él, una vez curado, le rompe el culo, pero sin clase, sin ninguna clase y se va a emborrachar con el cura y con los policías.
Ella, dolorida, se hace socia de Mujeres Unidas y abandona la heterosexualidad clásica.
Él, desde el comienzo tenía preferencias por sus compañeros de trabajo, el cura y los policías, es clásicamente homosexual.
Desprecia a la mujer, porque supone que su madre ha gozado y por eso le pega.
Ella se deja despreciar, porque supone que su madre ha gozado y por eso recibe con elegancia cualquier castigo.
Ninguno de los dos conoce nada del amor.
Son, como dos animalitos en medio de la selva, pero sin otros animalitos, ellos dos solitos, pobres, desamparados, sin deseos.
-Por eso no me caso, terminó Emilse.
-Entendí, dijo el Master. Mañana doy la conferencia de las siete de la tarde y a las doce de la noche quiero que me consigas un pasaje, en preferente para Buenos Aires.



Del libro: El Sexo del Amor, de Miguel Oscar Menassa. Edt. Grupo Cero

jueves, 27 de enero de 2011

No llevar bien una ruptura

“ODIO A LOS HOMBRES”



“Ellos son así, traicioneros, infieles por naturaleza, te embaucan y luego te dejan tirada a la primera de cambio”. Cuántas veces no habremos escuchado esto, mujeres resentidas por alguna mala experiencia sentimental o, simplemente, prejuicios sobre el sexo opuesto. Todos tendemos a generalizar alguna que otra vez, pero las verdades como tales, cuando se trata de los seres humanos, no existen.
¿Por qué una mujer puede llegar a decir que odia a los hombres?; ¿puede llegar a ser tan negativo un desengaño amoroso como para poner punto y final a toda oportunidad de enamoramiento?; ¿son todos los hombres iguales?; ¿por qué poner las esperanzas de felicidad en ellos?; ¿acaso son los que nos tienen que proveer de todo?; ¿si una relación sale mal, todas tienen que salir mal?
Cuando se trata del amor entre hombres y mujeres hay muchas ideas preestablecidas, cada uno tiene unas expectativas diferentes que no siempre concuerdan con la realidad. Hombres y mujeres no tienen las mismas necesidades ni tampoco la misma forma de satisfacerlas. Lo que podría ser complementario, muchas veces queremos que sea idéntico, cosa que es imposible. La mayoría de los malentendidos se producen porque no asumimos la realidad de las relaciones amorosas, no se diferencian tanto del resto de relaciones humanas. Tiene que prevalecer el respeto, la educación, el derecho a la intimidad, los gustos propios. Sinceramente, todos podemos reconocer que en pareja la mayoría de estas cosas no se respeta. Existe la tendencia a pensar que tener intimidad es engañar al otro, que si hay proyectos individuales estos irán en detrimento de la relación, que la confianza es mostrarse ante el otro tal cual uno es, es decir, con todos los defectos. Es el principio del fin.
Al igual que podemos hablar teóricamente de cierto desprecio a lo femenino en los hombres, ya sea por desconocimiento de nuestra propia naturaleza o porque en muchas ocasiones sólo hemos sido objeto y no sujetos del deseo; en muchas mujeres también anida una hostilidad hacia los hombres que podemos ver en muchas actitudes feministas. Muchas mujeres atribuyen al varón una vida más fácil y asequible, como si a ellos el pan y el reconocimiento les cayera del cielo sin ningún trabajo previo. Hay que reconocer que si el hombre ha alcanzado algún prestigio social ha tenido que invertir horas de trabajo, dinero y sacrificar muchos momentos amorosos y de ocio. Sin embargo, si queremos alcanzar un lugar equivalente al de muchos hombres, tendremos que tomar un camino equivalente, que no igual, porque el que repite lo hecho jamás lo alcanzará.
Ellos también tienen que abandonar la casa materna para conquistar un mundo nuevo y desconocido, también aman y preferirían quedarse en brazos de su enamorada, ellos también dejan a los hijos con dolor para ir a trabajar. Su mundo lo tienen que hacer con sus propias manos y, muchas veces, construyen parte del mundo de la mujer con la que comparten la vida. ¿Reconocemos las mujeres la generosidad que muchos hombres han tenido con nosotras? Hablamos del trabajo doméstico, de la ardua labor del cuidado de los hijos, pero digno es reconocer que ellos también hacen algo por la familia. Tal vez, unos y otros tengamos que aprender cosas del mundo femenino y del mundo masculino, tal vez no existen medias naranjas, sino medias vidas y a lo que deberíamos aspirar es a ser dos naranjas, tener vidas completas.
Cuando hacemos del amor el centro de todas las cosas, no tenemos en cuenta que, como decía Freud en su texto “El malestar en la cultura”: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor. Diría que esa es la base del resentimiento de muchas personas cuando, tras una ruptura sentimental, afirman no querer probar nunca más esa medicina. Si esperamos que el amor nos genere la felicidad que nos tiene que dar el trabajo, las relaciones sociales, los proyectos sociales, no sólo nos quedaremos sin amor, sino que además, nos sentiremos profundamente defraudados. Si no proyectamos nuestro futuro, no podremos ser felices. La felicidad es la realización de un trabajo, en conjunto entre dos o más personas. Y si no, no hay felicidad. El resentimiento y el odio no pueden ser buenos compañeros de vida, tenemos que reconocer los errores propios cometidos en la relación de pareja, parte de responsabilidad tenemos en ese fracaso y estar abiertos a nuevas personas, no porque sea necesario tener pareja para vivir, pero sí es necesario amar a otros para vivir. Vivir acompañado no es un consejo, es la única manera de vivir.

Helena Trujillo
Psicoanalista Grupo Cero






lunes, 22 de noviembre de 2010

Mi vida ha fundido...

Los decires de un viejo verde (Nº 6 - Mayo 1996)

338.-Querido doctor, estoy en condiciones de decir que mi vida ha fundido. Todas las conclusiones que guiaban mis pasos han resultado equivocadas para vivir en este medio. A todo lo mío, le pasa lo peor. Soy un hombre moderno, mis hijos al borde del manicomio o de la cárcel, alguna de mis mujeres siempre al borde de la muerte, cada uno de mis hermanos al borde de un desvío. Espero que usted me ayude a modificar mi situación en algo. Su vida tiene mucha letra, le dije, a su vida le falta un poco de música, algo de silencio.