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lunes, 22 de agosto de 2011

¿Lo intentaste? Hay solución a los problemas de pareja


¿LO INTENTASTE?
¿Cuántas veces te dijiste a ti mismo que lo ibas a intentar, que esta vez era la definitiva? ¿Cuántas le prometiste a tu pareja que ibas a cambiar? En ese momento todo parece terrible, el sufrimiento es máximo, uno quiere salir de ahí y siente su deseo de cambiar como verdadero, pero ¿basta la intención? No es preciso responder a esta última pregunta, todos sabemos que no es suficiente, sin trabajo no hay cambios y no hay resultados.
Más de 11 años de experiencia como psicoanalista y asesora matrimonial me demuestran que la mayoría de esos intentos se quedan en “inventos”, calmantes temporales del malestar que no se traducen en ningún acto comprometido. Algunos llegarán a descolgar el teléfono, tal vez a acudir a una primera consulta, ¿pero después? ¿hay un después? En la mayoría de los casos hay abandono de lo que nunca se comenzó seriamente, excusas baratas fruto de la desidia y la incapacidad de reconocer que son necesarios los compromisos.
Es esta una de las causas más importantes de los fracasos matrimoniales, mucha promesa de cambio que luego se traduce en nada y al final parece que le estás hablando a una pared. Cómo convivir con alguien que no es capaz de escuchar y tener en cuenta las demandas de su pareja. No se trata de obedecer como un gil a las demandas del otro, pero sí de tenerlas en cuenta, no en vano, cuando el río suena…
Primer aviso: no se haga el sordo/a.
Segundo aviso: acepte que todos, alguna vez, muchas veces, necesitamos ayuda.
¿Por qué le resulta tan difícil aceptar que solos no han podido solucionar sus desencuentros? Por supuesto que separarse le evitará problemas, pero le dará otros. No es esa la solución, hay otras.

Helena Trujillo
Psicoanalista y terapeuta de parejas

lunes, 20 de diciembre de 2010

Sobre parejas (1)

Rafa, Rafita, como lo llamaba su madre, estaba desolado y, hoy, para hablarme se había tumbado en el diván.

-Estoy preocupado, balbuceó, hoy me la hice chupar más de media hora por Jacinta Unzué y, mientras ella se corrió seis veces con sólo chuparme, yo nada. Bueno, nada no, pero no pude eyacular. En dos o tres oportunidades, mientras me chupaba, sentía algo parecido a un orgasmo pero, como no eyaculé, quedé como triste, abandonado. Ella, cuando se fue, sonreía feliz y me dijo que se iba contenta porque se había sentido amada por mí. Rafa se quedó en silencio un largo rato y luego comentó con algo de ironía: cada vez estoy más tiempo con las mujeres y estoy consiguiendo desconocerlas por completo... como ejemplo, le puedo contar lo que me pasó la semana pasada... Le interrumpí para decirle que por hoy era suficiente y nos despedimos hasta la próxima. Cuando se fue Rafa yo me quedé pensando en mi propia sexualidad que casi no tenía o, por lo menos, no me podía dar exactamente, cuenta de cuál era mi sexualidad. Me la pasaba todo el día trabajando y, cuando no trabajaba, escribía y cuando no trabajaba ni escribía, pintaba. Me sentía amado por muchas personas, mujeres, hombres y niños. A veces llegaba a pensar que eran demasiadas las personas que me amaban. Poco a poco me iría entonteciendo. Ya le había pasado a Federico, muriéndose y no se había dado cuenta de nada, de casi nada.
          Hoy le envié unas flores a Gloria Fuertes. Me sentí bien al hacerlo, aunque nunca terminaba de entender porqué hacía esos actos: Enviarle telegramas al Rey, flores a los Poetas, libros a gente que no leía.
          Cuando sonó el teléfono me sobresalté y tardé en cogerlo. A llevantarme ya habían cortado. Abandoné la consulta y salí caminando sobre mis propias piernas a dar un paseo. Mientras paseaba, me pidieron limosna y yo, como cuando era joven, le dije al pordiosero:
          -Yo no doy limosnas, soy marxista.
          Después me fui riendo de mí mismo hasta llegar al bar.





Helena Trujillo
Terapeuta de Parejas-Asesora Matrimonial
Tratamientos efectivos a partir de la 1ª entrevista