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martes, 5 de enero de 2010

Un regalo de reyes


UN REGALO DE REYES



El día amanece radiante, las calles aún están húmedas de la lluvia caída la noche anterior. Los comerciantes se afanan en abrir pronto sus negocios y suben ruidosamente sus persianas. No es un día cualquiera, es aquél en el que todos hemos soñado en nuestra infancia, aquél en el que la noche nos parece más larga que nunca, en el que nuestros sueños anuncian personajes cargados de regalos.

Este ha sido un año difícil para muchos, crisis, paro, problemas económicos, embargos, tristezas, desaliento. ¿Traerán alguna esperanza los Magos de Oriente? ¿Qué nos deparará esta nueva década que recién se estrena? Estamos tan acostumbrados a sufrir por todo, a ver siempre la paja en el ojo ajeno, a olvidarnos de las pequeñas virtudes y de todo lo bueno que también tiene la vida.

Si hubiera escrito una carta a los Reyes Magos no le habría pedido que me tocara la lotería, que no estaría mal, ni que mi teléfono no dejara de sonar porque la gente se anima al psicoanálisis, que tampoco estaría mal; sino que les pediría que fuésemos un poquito diferentes. A veces somos tan tercos que no queremos aprender nada nuevo, nos aferramos a nuestros antiguos ideales que nos prometen el oro y el moro y que nunca se cumplen. El hombre es el único animal que cae una y otra vez en la misma piedra, y no hay forma de sacarlo de ese círculo. Está más valorada la hipocresía que la sinceridad, se prefiere al falso amigo al que nada le importas, que al buen amigo que te advierte de los peligros de tus conductas. Se prefiere el cinismo del que critica por hacer daño y que no barre su propia casa, ni educa a sus propios hijos ni ama a nadie sólo a sí mismo. El mundo gira y gira como dice el tango, y a veces es un mundo tan traicionero, donde es uno mismo el que se traiciona, el que puede alejarse de su propio rumbo y vivir la vida de otros que ya vivieron. No nos damos cuenta de que si uno no se para a pensar a dónde quiere ir, puede llegar a cualquier lado, a una cloaca.

Queridos Reyes, si escribiera una carta, os pediría más sensibilidad, más humanidad. La vida no puede vivirse de cualquier manera. No puedo hacer al otro responsable de mis problemas ni mirar al cielo para ver caer las soluciones. Un poco de sentido común, de espíritu científico, de cultura. Este mundo necesita más personas que amen la vida y no la desperdicien. Más letra y menos sangre, más palabras y menos lágrimas.

Si una carta sirviera para todo esto estaríamos salvados. Pero la vida no es sueño, la noche de Reyes es eso, una noche. Y mañana el día amanecerá, como otros tantos, llenos de rencor, avaricia, silencio. A no ser que tú, que yo, que nosotros, nos animemos a lo contrario.


Helena Trujillo
Psicoanalista Grupo Cero

domingo, 18 de enero de 2009

TÁPEME LA BOCA, DOCTOR

Uno de cada cuatro personas en Europa sufre al menos un episodio importante de enfermedad mental a lo largo de su vida. Se calcula que, en la Unión Europea más de 18 millones de personas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años padecen cada año una depresión importante. Estos datos sirven de ejemplo de que no sólo las bombas matan a las personas, muchas se matan a sí mismas.

Días pasados el Diario El País publicaba una noticia bajo un titular impactante: “Los fármacos ganan a la psicoterapia. El psicoanálisis pierde terreno frente a las pastillas”. Como si de una competición se tratase, situaban frente a frente farmacología y psicoanálisis. El gran perdedor, queda claro, es el paciente. Si de algo nos debe servir este artículo es para reflexionar. Es patente que el uso de los psicofármacos va en estrepitoso aumento, y lo digo de esta forma porque si fuesen la solución a las enfermedades psíquicas no estaríamos aquí hablando de esto. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2007 se recetaron en España 41.203.879 envases de ansiolíticos y 23.990.412 de antidepresivos. Píldoras para combatir el estrés, la ansiedad o los trastornos del sueño circulan de mano en mano, prescritas por el médico cuando no recomendadas por algún conocido. ¿Alguien da más?

Motivo de este aumento, no nos engañemos, no es el avance en la investigación médica y una consecuente mejora en la calidad de vida, son los intereses de las grandes compañías farmacéuticas y la impotencia o falta de financiación de los Estados en los Servicios de Salud Mental. Es cierto que poco a poco los psicólogos van llegando a los servicios de salud pública, que cada vez hay más conciencia de la incidencia de las enfermedades psíquicas, sin embargo, día a día, los médicos de cabecera siguen recetando ansiolíticos y antidepresivos a los pacientes que abarrotan, cada día, sus consultas. Ser derivado a salud mental casi debe suplicarse y esperar el día de la cita, casi un suplicio. Está claro que si de salud mental se trata o estamos todos para el arrastre o hay que ventilárselas por cuenta propia.

Si es caro o no el tratamiento psicoanalítico, como decía el citado artículo de El País, pienso que es una forma más de insultar al Psicoanálisis. Parece que diversos estamentos (Médicos, Psicológicos, Periodísticos…) están empeñados en ocultar los beneficios del psicoanálisis en la vida de las personas, y mucho cuidado, no sólo de los enfermos (ansiosos, deprimidos, enfermos psicosomáticos, fóbicos, impotentes…) También habría que incluir a jueces, políticos, empresarios, profesores, padres y madres, profesionales sanitarios, que pasan por el diván del psicoanalista y que no son capaces de admitir públicamente lo que le reporta la experiencia.

Mejor tapar la boca a las personas que sufren con pastillas, así durante tres o cuatro meses no volverán a aparecer por la consulta o bien irán de médico en médico pidiendo auxilio. Mejor pagar las bajas laborales de miles de personas que no pueden acudir cada día a su puesto de trabajo porque no están en condiciones, con el coste que ello supone para todo Estado y para toda empresa. Mejor engordar las arcas de las grandes empresas farmacéuticas que ocultan los peligros que muchos de sus fármacos ocasionan en los pacientes. Mejor quedarse en casa, sin hacer nada, quejándose, porque ir al psicoanalista en este país, al parecer, no está bien visto.

Helena Trujillo Luque

Psicoanalista Grupo Cero

Psicóloga Col. Gr-3641

htpsicoanalisis@ya.com