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miércoles, 18 de enero de 2017

Cursos de Introducción al Psicoanálisis

CURSOS DE INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS


Clases presenciales en Madrid y Online

Teoría del Inconsciente
SÁBADO 28 DE ENERO DE 2017,
DE 11 a 13:30 HS. o 20 a 21.30 Hs. (horario España) .
Precio 30 euros
El Psicoanálisis se ocupa del estudio del psiquismo humano, es un pensamiento revolucionario y de candente actualidad. La producción fundamental de la obra freudiana es el concepto de inconsciente: hay cosas que suceden en el sujeto sin que él sepa nada de ellas, y estos procesos no son azarosos,están sometidos a unas leyes.La producción de la teoría del inconsciente descentra al sujeto de la conciencia y lo supone determinado por el sistema inconsciente, no sólo se diferencia de la conciencia, sino que también la determina y la genera.
La sexualidad para el Psicoanálisis es todo aquello tocado por la palabra. Sexualidad no es genitalidad, es mucho más. De nuestra sexualidad depende nuestra manera de estar en el mundo. La primera aportación que hace Freud es estudiar las perversiones como variantes de la normalidad, humaniza la perversión, que había quedado desde Aristóteles como una monstruosidad.
Sólo podemos saber del inconsciente por sus efectos: lapsus, olvidos, actos fallidos, síntomas, sueños...No hay inconsciente sino después de la interpretación.Los síntomas son más bien efectos, manifestaciones de procesos inconscientes. Procesos psíquicos que pudiendo haberse desarrollado hasta llegar a la conciencia, se ven perturbados e interrumpidos en su curso, obligados a permanecer inconscientes.
Sin transferencia no hay psicoanálisis, es decir sin transferencia no hay quien cure a nadie la transferencia no es algo que traiga el paciente de la casa, ni es algo que le otorgue como un don el psicoanalista, ni es el pasado del paciente ni nada de eso, es un concepto teórico que se instala cuando se comienza una relación psicoanalítica y que regula no sólo al paciente sino también al psicoanalista.El establecimiento de la transferencia jamás le puede hacer daño al paciente, que el perjudicado gravemente si no está a su vez en psicoanálisis, si no supervisa y si no pertenece a un Grupo de pertenencia o a una Institución de pertenencia, el que padece los efectos de la transferencia no es el paciente, es el psicoanalista.


El papel de la sexualidad
SÁBADO 25 DE FEBRERO DE 2017,
DE 11 a 13:30 HS. o 20 a 21.30 Hs. (horario España) .
Precio 30 euros
La sexualidad para el Psicoanálisis es todo aquello tocado por la palabra. Sexualidad no es genitalidad, es mucho más. De nuestra sexualidad depende nuestra manera de estar en el mundo. La primera aportación que hace Freud es estudiar las perversiones como variantes de la normalidad, humaniza la perversión, que había quedado desde Aristóteles como una monstruosidad.

Descubre que la sexualidad humana es inicialmente polimorfa perversa. El primer goce que conoce el infantil sujeto es el goce de la boca.Los síntomas tienden a la satisfacción sexual del sujeto neurótico cuando éste carece de ella en la vida real. El neurótico sufre una frustración, al rehusarle la realidad la satisfacción de sus deseos inconscientes, recurre a su formación para verlos realizados. La libido, inhabilitada para satisfacerse, buscará su satisfacción en la regresión a organizaciones anteriores y objetos abandonados en el curso del desarrollo del sujeto.


El método de interpretación
SÁBADO 25 DE MARZO DE 2017,
DE 11 a 13:30 HS. o 20 a 21.30 Hs. (horario España) .
Precio 30 euros
Sólo podemos saber del inconsciente por sus efectos: lapsus, olvidos, actos fallidos, síntomas, sueños...No hay inconsciente sino después de la interpretación.Los síntomas son más bien efectos, manifestaciones de procesos inconscientes. Procesos psíquicos que pudiendo haberse desarrollado hasta llegar a la conciencia, se ven perturbados e interrumpidos en su curso, obligados a permanecer inconscientes.
El síntoma se forma en sustitución de algo que no ha conseguido manifestarse a la conciencia. Su existencia tiene por condición que un proceso psíquico no haya podido llegar a su fin normal y hacerse, por tanto, consciente. Los síntomas son considerados como una transacción o permuta.Los síntomas neuróticos obedecen a esta tendencia de satisfacción de deseos, por cuanto los mismos mecanismos, de condensación y desplazamiento, que intervienen en el sueño, se aprecian también en su formación.
Pensar que los síntomas y la enfermedad tienen sentido y son efecto de un trabajo inconsciente, ofrece una dimensión nueva de los procesos del enfermarse y de su tratamiento.


La transferencia
SÁBADO 29 ABRIL DE 2017,
DE 11 a 13:30 HS. o 20 a 21.30 Hs. (horario España) .
Precio 30 euros
Sin transferencia no hay psicoanálisis, es decir sin transferencia no hay quien cure a nadie la transferencia no es algo que traiga el paciente de la casa, ni es algo que le otorgue como un don el psicoanalista, ni es el pasado del paciente ni nada de eso, es un concepto teórico que se instala cuando se comienza una relación psicoanalítica y que regula no sólo al paciente sino también al psicoanalista.El establecimiento de la transferencia jamás le puede hacer daño al paciente, que el perjudicado gravemente si no está a su vez en psicoanálisis, si no supervisa y si no pertenece a un Grupo de pertenencia o a una Institución de pertenencia, el que padece los efectos de la transferencia no es el paciente, es el psicoanalista.
No es que el psicoanálisis pueda hacer algo con el sujeto, sino que de lo que se trata es de lo que el sujeto hace con el psicoanálisis.Fuera del campo de la transferencia no es efectiva la palabra. Sin amor nadie hace caso a lo que uno le dice, que nos dejamos guiar por lo que nos dicen las personas amadas. Entonces, el vínculo de transferencia, en este decir de Freud, es más fuerte que mis relaciones amorosas. El vínculo de la transferencia tiene que llegar a ser más fuerte que las relaciones con mi papá, con mi mamá, con mi mujer, ¿por qué? Porque si no, no escucho. La transferencia es producto de las identificaciones del sujeto.
La transferencia no se interpreta, la transferencia se vive. La transferencia es, en una definición preclara, la puesta en acto de la realidad del inconsciente, es decir, es donde aparece verdaderamente el inconsciente.
Volver al Freud para conocer el descubrimiento de una de las ciencias que ha revolucionado la vida del hombre.

PARA TODA AQUELLA PERSONA INTERESADA EN ACERCARSE A LA OBRA DE SIGMUND FREUD.
CLASES PRESENCIALES EN MADRID Y CLASES ONLINE EN DIRECTO
Los cursos pueden realizarse por separado con un coste de 30 euros cada uno o realizar toda la programación con un coste de 110 euros realizando un único pago en enero.
Al finalizar se expedirá certificado de asistencia

ORGANIZAN
Helena Trujillo y Clémence Loonis
psicoanalistas de Grupo Cero
INSCRIPCIONES: TELF. 91 55 96 436
EMAIL: cursospsicoanalisiscursos@gmail.com

http://www.cursosdepsicoanalisis.es/l/nueva-convocatoria-cursos-introduccion-al-psicoanalisis/


lunes, 29 de agosto de 2016

CURSO DE INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS - EN MADRID Y ONLINE

NUEVA WEB DE CURSOS DE PSICOANÁLISIS
http://www.cursosdepsicoanalisis.es/

Curso: Introducción al Psicoanálisis



Profesoras: Helena Trujillo y Clémence Loonis
Precio: 60 euros al mes
Duración: 1 hora semanal

LUNES A LAS 20 HORAS.
Comienzo agosto 2016
El curso está dirigido a todos aquellos que quieran conocer el Psicoanálisis, un pensamiento que ha revolucionado el pensamiento científico, el arte, la salud mental y la filosofía.
La producción central de la obra de Freud es el concepto de inconsciente. Del inconsciente sabemos por la interpretación de sus manifestaciones en análisis. Estas son, entre otras: el sueño, la sexualidad, los actos fallidos u olvidos y el síntoma, cada una de estas formaciones o manifestaciones de lo inconsciente serán abordadas en el curso.

CONCEPTO DE RUPTURA
CONCEPTO DE SOBREDETERMINACIÓN
CONCEPTO DE TRABAJO
LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS
LAPSUS, OLVIDOS Y ACTOS FALLIDOS
LOS SÍNTOMAS

PLAZAS DISPONIBLES EN MADRID Y ONLINE

miércoles, 30 de septiembre de 2015

CAFÉ Y PSICOANÁLISIS EN CAFÉ FIGUEROA - LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS

CHARLA-COLOQUIO DE PSICOANÁLISIS LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS Con Helena Trujillo, Susana Lorente y Norma Menassa, psicoanalistas. MIÉRCOLES 7 DE OCTUBRE A LAS 19:30 HS. CAFÉ FIGUEROA C/Augusto Figueroa, 17 (Con C/Hortaleza) Madrid -Chueca- Estaremos en la planta de arriba Más información telf. 626 67 33 22

martes, 7 de diciembre de 2010

Este viernes, Charla de Psicoanálisis: LA FAMILIA COMO ESTRUCTURA SEXUAL

LA FAMILIA COMO ESTRUCTURA SEXUAL
ESTE VIERNES 10 DICIEMBRE
19:30 HORAS

La familia humana es la base y condición necesaria de reproducción de la especie; gracias a ella el sujeto puede sobrevivir, y en ella cada uno de los padres ocupa un lugar esencial. Además, su papel es primordial en la trasmisión de la cultura. Gobierna los procesos fundamentales del desarrollo psíquico y en un marco más amplio, trasmite estructuras de conducta.
Casi todas las actividades humanas se desarrollan dentro de la esfera de lo social, es por eso que se dice que el núcleo familia es tan indispensable para el desarrollo del sujeto, es ahí donde se forja el carácter y la personalidad de cada individuo y no podemos pasar inadvertido que del núcleo familiar en donde cada uno se ha desenvuelto es muy diferente. En la familia se cristaliza el modelo ideológico que la sustenta. Es el aparato de educación por el que ha de pasar, casi sin excepciones, todo miembro de nuestra sociedad desde el primer hálito de vida. La familia es el enlace entre la estructura económica de la sociedad y su superestructura ideológica.

Impartida por la psicoanalista Helena Trujillo


Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés
C/Hilera, s/n Edf. Hogar Departamento de Librería

ENTRADA LIBRE

TAMBIÉN SE EMITIRÁ ONLINE EN DIRECTO

jueves, 13 de mayo de 2010

¿Limita la cultura nuestra capacidad de ser felices?

EL MALESTAR EN LA CULTURA
Charla impartida en Ámbito Cultural de El Corte Inglés el 12-5-10
por Helena Trujillo, psicoanalista

Somos rápidos a la hora de emitir juicios y opiniones, pero nos olvidamos muchas veces de tener en cuenta la variedad del mundo humano y de su vida anímica.
Tendemos a exigir y esperar de los demás determinados comportamientos, formas de pensar equivalentes a las nuestras, la propia cultura ejerce semejante generalización y no tiene en cuenta la diversidad de disposiciones.
Creemos conocernos a nosotros mismos, saber cómo pensamos, qué esperamos del amor, del trabajo, qué felicidad anhelamos. Pero lo cierto es que muchas veces más nos valdría desconocernos un poco, porque ese aparente conocimiento se basa en nuestra conciencia, nuestra fachada, pero desconocemos por completo nuestras ideas y tendencias más íntimas., desconocemos nuestros procesos inconscientes que, al fin y al cabo, son los que determinan nuestra propia conciencia.
El conocimiento de esta otra parte de nosotros mismos se nos presentó a través del estudio de pacientes donde se tornaba incierta la demarcación del yo frente al mundo exterior. Casos en los que pensamientos, sentimientos y hasta comportamientos son sentidos como extraños para el yo.
Está claro que no seríamos los que somos si no hubiese una organización humana en comunidad, si no existieran las organizaciones sociales y la cultura. La historia del hombre ha sido testigo de una importante evolución desde nuestros orígenes, también lo ha sido nuestra organización psíquica para poder adaptarse a esa vida en comunidad.
¿Por qué y para qué la vida en comunidad? No cabe duda de que de no ser así no se habrían producido las importantes producciones humanas: ciencia, arte, religión. De no haber sido así, seguramente hoy no existiríamos porque el débil ser humano frente a la naturaleza hubiera perecido de no haber unido sus fuerzas a las de otro ser humano. Hubimos de renunciar a ciertas tendencias agresivas hacia el otro, hubimos de renunciar a cierta parte de nuestro egoísmo.
Esto ha sido así, en primer lugar por el poder de la atracción sexual, que impulsaba a los hombres a satisfacer sus instintos con el sexo contrario. Fuerza esta necesaria para la perpetuación de la especie. De ahí nació, de esa tendencia, la primera familia, donde el hombre se aseguraba la satisfacción de sus necesidades eróticas y donde la mujer permanecía junto a él para salvaguardar a su prole.
Si todo hubiese quedado ahí, todo habría sido comida y sexo. Pero existía la ambición, la agresión de unos contra otros, la sublevación de los hijos contra el padre y la imperiosa necesidad de establecer alianzas. Eso fue creando los primeros grupos sociales, más allá de la familia.
Esos pasos de lo individual a lo social, del egoísmo más absoluto a su renuncia para poder obtener algo de los otros, son pasos que el propio individuo debe recorrer en su evolución individual. No obstante, todo lo que una vez ha existido en nuestro psiquismo no puede desaparecer y puede volver a surgir en circunstancias favorables.
La religión ha tenido una importante función en el desarrollo del pensamiento humano, le explica al hombre los enigmas del mundo y le asegura que una providencia guardará su vida, como antaño hacía su propio padre. El hombre no podría soportar pasar de la protección familiar al vacío del mundo, si en él no le esperaran nuevas esperanzas, nuevas fuentes de vínculos humanos.
Está claro que la vida no es fácil nos depara sufrimientos, decepciones, empresas imposibles. Cómo vivir sin esperanzas y satisfacciones. Muchos toman el camino de los narcóticos, sustancias que nos hacen insensibles al sufrimiento, no transforman la realidad, pero al menos no la padeces. Otros eligen el camino de las satisfacciones sustitutivas como el arte, el trabajo, que transforman la realidad, pero no hacen desaparecer las fuentes de insatisfacción. Y la distracción, lo que podemos conocer como el ocio, los pasatiempos que nos alivian la tensión psíquica para poder retornar a la dolorosa realidad.
Si vivimos, si existe la cultura, si somos capaces de renunciar a muchas satisfacciones, podríamos preguntarnos cuál es la finalidad de la vida. Se puede decir que es alcanzar la felicidad, es el fin que nos motiva, evitar el sufrimiento y el displacer y, sobre todo, experimentar sensaciones placenteras. En el sentido más estricto, la felicidad surge de la satisfacción de las necesidades. Pero a otro nivel, está claro que la felicidad para cada uno de nosotros es algo diferente, porque nos rige una ideología muy diferente.
Es injusto exigirnos a todos el mismo camino para alcanzar la felicidad, como tampoco todos tenemos las mismas necesidades ni nos satisfacemos de la misma forma. Tomando en cuenta nuestra propia satisfacción, nuestras facultades de felicidad están limitadas desde un principio. Es más fácil experimentar la desgracia que la felicidad.
Para satisfacer nuestros deseos y necesidades, tenemos que interactuar con el mundo exterior, establecer alianzas, comunicarnos, renunciar a otras necesidades que se hacen imposibles de satisfacer en un entorno social.
Este es el precio que pagamos por evolucionar, obtenemos muchas cosas, multiplicamos las posibilidades de satisfacción, pero ya no serán tan poderosas y básicas como lo serían en un mundo primitivo. ¿Se vive peor ahora que antes? ¿La organización actual de las sociedades impide que seamos felices?
Por un lado sí y por otro no. El hambriento era feliz obteniendo alimento, no se planteaba conseguir el amor, tener una casa mejor o darle educación a sus hijos. Hemos conseguido satisfacer las necesidades básicas uniendo nuestros esfuerzos, creando organizaciones sociales, leyes, instituciones. Pero ahora se crean nuevas necesidades y nuevos compromisos.
No todo el mundo puede hacer frente a esos nuevos compromisos, no todo el mundo está dispuesto a pagar su peaje para que el mundo siga adelante, no todo el mundo tiene la misma capacidad para renunciar a sus tendencias más básicas.
No cabe duda de que esa misma evolución se refleja en nuestro aparato psíquico, del más primitivo principio del placer, surge el principio de la realidad que también tiende a la satisfacción, pero teniendo en cuenta el mundo exterior. Podríamos decir: en el momento apropiado y con la persona adecuada. De esta forma el ser humano se puede considerar feliz no sólo por satisfacer sus necesidades, también por escapar a la desgracia y al sufrimiento.
Si bien es cierto que la vida en comunidad nos permite satisfacer nuestros deseos, también nos lo limita. Por ello muchos toman el camino de alejarse de la sociedad. Alejarse del mundo para evitar así todo sufrimiento.
El proceso de sublimación nace en esta evolución del individuo, donde en lugar de obtener la satisfacción básica e inmediata de nuestras tendencias, lo que a veces puede ocasionarnos inadaptación social o castigo, el sujeto puede emprender otro camino, poner su energía en un proceso social, ya sea el arte, el trabajo, la ciencia, para obtener satisfacción indirecta, satisfacción que repercute a otras personas que se beneficiarán de esa energía transformada.  No todo el mundo tiene la misma capacidad de sublimación, ni todos los deseos pueden seguir este camino. Hay cierta parte de la energía sexual que sólo puede satisfacerse sexualmente.
Hay, por ejemplo, quien pone todas sus aspiraciones de felicidad en el amor, amar y ser amado, sin embargo esta elección entraña graves riesgos, porque jamás se está tan a merced del sufrimiento como cuando amamos, jamás somos tan infelices como cuando hemos perdido a nuestro objeto amado. Aquellos que esperan de la mor la solución a todos sus males,  no sólo perderán ese amor, sino que serán víctimas de un doble sufrimiento, el que antes tenían y el producido por la ruptura amorosa.
Ninguna regla vale para todos, cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz, pero ya la sabiduría nos dice no hacer depender toda nuestra satisfacción de una misma fuente.
Quien viene al mundo con una constitución pulsional particularmente desfavorable a estas condiciones de la vida, difícilmente hallará la felicidad en su entorno. La salida que le queda es la neurosis. Cae en la neurosis porque no soporta la frustración que le genera la vida en sociedad. La dominación sobre el nuestro inconsciente no puede exceder determinados límites. SI LAS EXIGENCIAS DE LA CULTURA LO SOBREPASAN, SE PRODUCE EN EL INDIVIDUO UNA REBELIÓN O UNA NEUROSIS, O SE LE HACE INFELIZ.
Hemos de enorgullecernos de las modificaciones que el ser humano ha realizado en la naturaleza para que podamos tener la vida que tenemos, aunque es cierto que muchos han sido los costes. Por ejemplo, las catástrofes medioambientales, las guerras y conflictos, pero sobre todo, los costes humanos. Para muchos esta evolución no supone mayor nivel de felicidad porque no tienen los medios a su alcance para obtener la satisfacción de sus necesidades y deseos. Porque no todos podemos hacer las mismas renuncias, porque no todos pueden pensar el futuro y muchos sólo saben pensar en las satisfacciones inmediatas.
La felicidad es algo totalmente subjetivo que no depende  de las satisfacciones materiales. La cultura no está en contra de nuestra felicidad, se establece para protegernos de la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí.  Gracias a la cultura el hombre ha llegado casi a convertirse en un Dios.
Si la naturaleza humana fuera bondadosa, altruista, social, no sería necesaria la cultura para regularnos. Nuestra naturaleza manifiesta más bien una tendencia natural al descuido, a la irregularidad y a la informalidad, siendo necesarios arduos esfuerzos para conseguir encaminar estas tendencias. El hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. La agresividad forma parte de nosotros así como la tendencia a utilizar a los demás, querer dominarlos, aprovecharnos de ellos. La existencia de tales tendencias agresivas es el factor que perturba nuestra relación con los semejantes, imponiendo a la cultura tal despliegue de preceptos. Las pasiones instintivas son más poderosas que los intereses racionales. Es a través de los arduos esfuerzos de la educación y las instancias sociales que podemos mantener a raya estas tendencias antisociales. La sustitución del poderío individual por el de la comunidad representa el paso decisivo hacia la cultura. Los miembros de la comunidad restringen sus posibilidades de satisfacción  en pos de una justicia común, para todos. Justicia que pierde fuerza cuando se vicia a favor de los poderosos.
Si la cultura impone tan pesados sacrificios, no sólo a la sexualidad, sino también a las tendencias agresivas, comprenderemos mejor por qué al hombre le resulta tan difícil alcanzar en ella su felicidad. En efecto, el hombre primitivo estaba menos agobiado. EL HOMBRE CIVILIZADO HA TROCADO UNA PARTE DE POSIBLE FELICIDAD POR UNA PARTE DE SEGURIDAD.
Es el «miedo a la pérdida del amor» lo que permite nuestras renuncias en pos de la cultura. Cuando el hombre pierde el amor del prójimo, de quien depende, pierde con ello su protección frente a muchos peligros, y ante todo se expone al riesgo de que este prójimo, más poderoso que él, le demuestre su superioridad en forma de castigo.
Una de las principales finalidades de la cultura es la aglutinación de los hombres en grandes unidades; pero la familia no está dispuesta a renunciar al individuo. Cuanto más íntimos sean los vínculos entre los miembros de la familia, más difícil les resultará ingresar en las esferas sociales más vastas. El desprendimiento de la familia llega a ser para todo adolescente una tarea cuya solución muchas veces le es facilitada por la sociedad mediante los ritos de pubertad y de iniciación.
La primera fase cultural, la del totemismo, trae consigo la prohibición de elegir un objeto incestuoso, quizá la más cruenta mutilación que haya sufrido la vida amorosa del hombre. El tabú, la ley y las costumbres han de establecer nuevas limitaciones que afectarán tanto al hombre como a la mujer. Si hablamos antes de sublimación, la cultura se ve obligada a sustraer a la sexualidad gran parte de la energía psíquica que necesita para su propio consumo. La elección de objeto sexual queda restringida en el individuo sexualmente maduro al sexo contrario, y la mayor parte de las satisfacciones son prohibidas como perversiones. . La cultura actual nos da claramente a entender que sólo está dispuesta a tolerar las relaciones sexuales basadas en la unión única e indisoluble entre un hombre y una mujer, sin admitir la sexualidad como fuente de placer en sí, aceptándola tan sólo como instrumento de reproducción humana que hasta ahora no ha podido ser sustituido.
La imposición de una vida sexual idéntica para todos, implícita en estas prohibiciones, pasa por alto las discrepancias que presenta la constitución sexual innata o adquirida de los hombres, privando a muchos de ellos de todo goce sexual y convirtiéndose así en fuente de una grave injusticia. 

jueves, 7 de enero de 2010

Las resistencias contra el psicoanálisis

Las resistencias contra el psicoanálisis
-No se puede decir mejor-

Extracto del texto escrito por Sigmund Freud en 1924

El lactante sostenido por el brazo de su nodriza que se aparta sollozando de una cara extraña; el creyente que inicia el nuevo año con una oración, y que saluda, bendiciéndolos, los primeros frutos del estío; el aldeano que se niega a comprar una guadaña si no lleva la marca de fábrica familiar a sus antecesores. En los tres casos se trata de un mismo displacer, que en el niño halla expresión elemental y primitiva, en el creyente aparece artificiosamente elaborado, para el aldeano se convierte en motivo de una decisión. Pero la fuente de este displacer es el esfuerzo que lo nuevo exige a la vida anímica. Sería tentador hacer de la reacción psíquica frente a lo nuevo el tema de un estudio especial, pero también se suele observar la actitud opuesta: una sed de estimulación que se apodera de cuanto nuevo encuentra, simplemente por ser nuevo.
La aprensión ante lo nuevo no debería sentar plaza en la labor científica. La ciencia, eternamente incompleta e insuficiente, está destinada a perseguir su fortuna en nuevos descubrimientos. Para evitar el engaño fácil le conviene armarse de escepticismo, y rechazar toda innovación que no haya soportado su riguroso examen. Mas este escepticismo muestra en ocasiones dos características insospechadas, pues mientras se opone con violencia a la novedad recién nacida, protege respetuosamente lo que ya conoce y acepta, conformándose, pues, con reprobar aun antes de haber investigado. Pero así se desenmascara como un simple heredero de aquella primitiva reacción contra lo nuevo, como un nuevo disfraz para asegurar su subsistencia.
Todos sabemos cuán frecuentemente en la historia de la investigación científica las innovaciones fueron recibidas con intensa y pertinaz resistencia. Una recepción particularmente ingrata le fue deparada al psicoanálisis. Su novedad era indiscutible, aunque junto a estos hallazgos elaborara cuantioso material ya conocido de otras fuentes.
Al principio su importancia fue puramente terapéutica: pretendía establecer un nuevo y eficaz tratamiento de las enfermedades neuróticas. Pero ciertas vinculaciones  llevaron al psicoanálisis más allá de su objetivo original. De tal manera, por fin, llegó a sustentar la pretensión de haber fundado sobre nuevas bases nuestra entera concepción de la vida psíquica. Después de un decenio de completo desdén, se convirtió de pronto en objeto de interés público, y al mismo tiempo desencadenó una tempestad de indignada reprobación.
El psicoanálisis halló desde entonces numerosos seguidores de importancia, animados por diligente afán que lo ejercen como procedimiento terapéutico para los enfermos nerviosos, como método de investigación psicológica y como recurso auxiliar de la labor científica.
Si alguien lograse demostrar y aislar la o las sustancias hipotéticas que intervienen en la génesis de las neurosis, tal hallazgo no tropezaría por cierto con la protesta de los médicos. Sólo podemos tomar como punto de partida el cuadro sintomático que presentan las neurosis; por ejemplo, en la histeria, el cortejo de trastornos somáticos y psíquicos. Ahora bien: tanto las experiencias de Charcot como las observaciones clínicas de Breuer nos enseñaron que también los síntomas somáticos de la histeria son psicogénicos, es decir, que representan sedimentos de procesos psíquicos transcurridos.
El psicoanálisis tomó este nuevo conocimiento como punto de partida, comenzando por preguntarse acerca de la índole de esos procesos psíquicos que dan lugar a tan singulares consecuencias. Pero semejante orientación científica no podía agradar a la generación médica de entonces, educada en el sentido de la valoración exclusiva de los factores anatómicos, físicos y químicos sin estar preparada para apreciar lo psíquico, de modo que lo enfrentaron con indiferencia y aversión. Evidentemente, los médicos dudaban de que los hechos psíquicos pudieran ser sometidos, en principio, a una elaboración científica exacta.
Los síntomas de la neurosis histérica eran tenidos por productos de la simulación; las manifestaciones del hipnotismo, por supercherías. Hasta los psiquiatras, cuya atención se ve asediada por los fenómenos psíquicos más extraordinarios y asombrosos, no se mostraban dispuestos a considerarlos en detalle y a perseguir sus vinculaciones, conformándose con clasificar el abigarrado cuadro sintomático.
En esta época materialista -o, más bien, mecanicista- la medicina realizó magníficos progresos, pero, no obstante, ignoró ciegamente el más excelso y difícil de los problemas que plantea la vida.
Cabría aceptar que la nueva doctrina despertara tanto más fácilmente el aplauso de los filósofos. Pero aquí tropezó con un nuevo obstáculo, pues lo psíquico de los filósofos no equivalía a lo psíquico del psicoanálisis. ¿Qué puede decir, pues, el filósofo ante una ciencia como el psicoanálisis, según la cual lo psíquico, en sí, sería inconsciente, y la consciencia, sólo una cualidad? Naturalmente, el filósofo afirmará que un ente psíquico inconsciente es un desatino. El filósofo, que no conoce otra forma de observación más que la de sí mismo, no puede seguir al analista por este camino. Así, el psicoanálisis sólo saca desventajas de su posición intermedia entre la medicina y la filosofía.
Semejante situación bastaría para explicar la recepción indignada y reticente que los círculos científicos dispensaron al psicoanálisis, pero no permite comprender cómo se pudo llegar a esos estallidos de furia, sarcasmo y desprecio. Tal reacción permite adivinar que debieron haberse animado otras resistencias, fuera de las meramente intelectuales; que fueron despertadas fuertes potencias afectivas.
Nos encontramos ante todo con la fundamental importancia que el psicoanálisis concede a los denominados instintos sexuales en la vida psíquica del hombre. Según la teoría psicoanalítica, los síntomas neuróticos son deformadas satisfacciones sustitutivas de energías instintivas sexuales, cuya satisfacción directa ha sido frustrada por resistencias interiores. Más tarde, cuando el psicoanálisis traspuso los límites de su primitivo campo de labor, permitiendo su aplicación a la vida psíquica normal procuró demostrar que los mismos componentes sexuales, desviados de sus fines más directos a otros más lejanos, constituyen los más importantes aportes a las obras culturales del individuo y de la comunidad. Estas afirmaciones no eran totalmente nuevas, pues ya el filósofo Schopenhauer había señalado con palabras de inolvidable vigor la incomparable importancia de la vida sexual.
Pero los adversarios olvidaron la existencia de tan ilustres precursores, ensañándose con el psicoanálisis como si éste hubiera cometido un atentado contra la dignidad de la especie humana.
La cultura humana reposa sobre dos pilares: uno, la dominación de las fuerzas naturales; el otro, la coerción de nuestros instintos. Entre los elementos instintuales así sometidos a su servicio, descuellan por su fuerza y su salvajez los instintos sexuales en sentido más estricto. El psicoanálisis jamás estimuló el desencadenamiento de nuestros instintos socialmente perniciosos; bien al contrario, señaló su peligro y recomendó su corrección.
Pero la sociedad nada quiere saber de que se revelen tales condiciones. La sociedad sostiene un estado de hipocresía cultural que necesariamente será acompañado por un sentimiento de inseguridad y por la precaución que consiste en prohibir toda crítica y discusión al respecto.
Esto rige para todas las tendencias instintuales, es decir, también para las egoístas. El psicoanálisis pone al descubierto las flaquezas de este sistema y recomienda su corrección. Propone ceder en la rigidez de la represión instintual, concediendo más espacio a la sinceridad. Ciertos impulsos instintuales, en cuya supresión la sociedad ha ido demasiado lejos, han de ser dotados de mayor satisfacción; en otros, la represión se muestra ineficaz y debe ser sustituida por un procedimiento mejor y más seguro.
El psicoanálisis fue tachado de «enemigo de la cultura». Hasta ahora la actitud del hombre frente al psicoanálisis sigue siendo dominada por este miedo.
El psicoanálisis puso fin a la fábula de la infancia asexual, demostrando que los intereses y las actividades sexuales existen en el niño pequeño desde el comienzo de su vida. Todo esto se puede confirmar con tal facilidad, que realmente fue preciso desplegar un enorme esfuerzo para lograr pasarlo por alto. En efecto, cada individuo recorre esta fase, pero luego reprime enérgicamente su contenido, llegando a olvidarlo. La repugnancia ante el incesto y un enorme sentimiento de culpabilidad son residuos de esa prehistoria individual.
Las fuertes resistencias contra el psicoanálisis no eran, pues, de índole intelectual, sino que procedían de fuentes afectivas.
El concepto psicoanalítico de la relación entre el yo consciente y el inconsciente constituye una grave afrenta contra el amor propio humano, afrenta psicológica, equiparándola a la biológica, representada por la teoría evolucionista, y a la anterior, cosmológica, infligida por el descubrimiento de Copérnico.
No es fácil formarse un juicio independiente en las cosas psicoanalíticas, a menos que se haya experimentado esta ciencia en carne propia o en el prójimo. No es posible hacer lo último sin haber aprendido antes determinada técnica harto dificultosa.